Un mazo de fricción, conocido también como “flumie”, está diseñado para extraer tonos largos y sostenidos, así como ricos armónicos de un gong. Con un mango delgado de plástico o madera y una cabeza de goma de silicona, el flumie funciona arrastrando suavemente la cabeza sobre la superficie del gong. Este movimiento genera vibraciones sutiles que hacen “sonar” el gong, de manera similar a la técnica para hacer “cantar” un cuenco tibetano.
Los flumies están disponibles en una variedad de formas y tamaños, y cada uno de ellos aporta una vibración distinta al gong. Se pueden usar individualmente o en combinación, ofreciendo dinámicas posibilidades de juego intuitivo y meditativo.
Cómo tocarlo Sujeta el flumie cerca de la cabeza de silicona, sujetándolo suavemente entre el pulgar y la parte interior del dedo índice. Evita apretar demasiado el mango, ya que el flumie debe moverse libremente para generar vibraciones.
Con un agarre relajado, desliza suavemente la cabeza sobre la superficie del gong sin ejercer presión. Las vibraciones comenzarán a acumularse gradualmente. Es normal que el sonido no surja de inmediato; la paciencia forma parte del proceso. Una vez que el sonido emerja, deja que el gong “resuene” completamente para permitir que el tono florezca plenamente.
A medida que te sientas más cómodo, experimenta con el agarre. Sostener el flumie más lejos de la cabeza puede hacer que sea más difícil iniciar las vibraciones, pero producirá un tono ligeramente más grave. Del mismo modo, el uso de flumies de diferentes tamaños permite obtener una gama de variaciones tonales: las cabezas más grandes producen tonos más graves, mientras que las más pequeñas generan tonos más agudos.
De esta manera, cada flumie amplía enormemente la variedad de sonidos posibles. Recomendamos encarecidamente adquirir varios para experimentar.